miércoles, 3 de diciembre de 2014

Recuerdo de una noche de verano; MALENA


Es pronto, no muy tarde...puede que las 2 de la mañana. Estoy un poco borracho, pero soy consciente de todo lo que me rodea. En frente tengo a Edu, mi mejor amigo, que me habla, pero no le escucho.

- Eh, tío, ¿qué te pasa? Ya sé que ha sido un golpe y que no te lo esperabas...pero hay que pasar página.
- Ya lo sé, pero no puedo...A ver si os enteráis de que este es un proceso obligatorio por el cual todos debemos pasar tras una ruptura. Ya estaré bien, ya sabes que soy algo sensible...
-No sé, yo creo que esto te está superando un poco...

¿Superando un poco? Me ha superado por completo. Me levanto de la silla, me mareo un poco pero me pongo firme.

-Voy al baño, ¿vale? Tú ve pidiendo otra.
- No sé si deber...

Me doy la vuelta mientras habla y me voy, posiblemente no pida otra. Cree que voy borracho pero no, no es así. O sí. Yo que sé. El baño está sucio. Meo. Me lavo las manos aunque no hay jabón y, finalmente me miro al espejo. Ese chico no puedo ser yo, ¿desde cuándo doy tanta pena? Estás más delgado, más blanco, más feo...Así no vamos por buen camino. Salgo del baño, lo veo todo como a cámara lenta...igual Edu tenía razón. Voy a pedir otra cerveza a la barra, pero te chocas con alguien. 

-Perdón...- dije sin mirar tan siquiera a la persona a la que había tirado al suelo.
- Eh, tú, ¿No me vas a ayudar? - Dijo una voz un poco chirriante y aguda.

Me doy la vuelta, y ahí están. Ahí están los ojos más verdes y más llenos de esperanza que verás en toda tu estúpida vida. Me acerco lentamente, le tiendo la mano y ayudo a levantarse a esos ojos. 

-Anda gracias, pensé que era otro borracho estúpido maleducado...
- Y lo soy...

No sé si es porque estoy muy borracho, pero empiezo a hablar con ella. Son temas triviales, nada del otro mundo, pero paralelamente filtreamos. Me atrae la fuerza con la que me habla, aunque lo que diga no signifique nada. Me olvido de Edu, sigo con ella. Media hora más tarde me escapo con ella del bar. Pequeños besos en pequeñas calles que nos guardan el secreto de esta noche. Entramos en una casa. Mete la llave. Se abre. No nos hace falta una cama. El suelo está frío. Me acerco a sus labios y la beso...ninguna tarta de chocolate puede saber mejor que estos labios. Me la como a besos, saboreo la nata de su cuello, la crema de su torso...hacemos el amor de todas las maneras que se nos ocurren. Mmmmm, me quedaría siempre entre tus brazos Angéli...

-Perdona, Malena, pero me tengo que ir...mañana tengo cosas que hacer y...

Me voy poniendo los pantalones. Soy un puto gilipollas.

-En quién pensabas mientras...ya sabes...- me lo pregunta con unos ojos tan tristes que estoy apunto de llorar-

Me acabo de abrochar la camisa, me pongo las zapatillas. No contesto. No contesto, pero unos brazos me abrazan cálidamente desde atrás...

-Yo sé que estás sufriendo...No pasa nada. Espero que te lo hayas pasado bien - acto seguido apoya su cabeza en tu espalda-

-Gracias por entenderlo.

Me giro y la miro fijamente, veo la decepción en su mirado pero a la vez un hilo de esperanza que sé que es para mi...le doy un beso en la frente. Me levanto. Salgo por la puerta. No digo nada porque, la verdad, no tengo nada más que decir. 
Ando rápido porque son las 5 de la mañana y empieza a hacer frío. Pero lo que verdaderamente te da frío es pensar en lo que te ha pasado ahora. Una chica preciosa...y solo podías ver la belleza de Angélica en tu cabeza. Soy un idiota. Lo soy. Soy tan idiota que estoy llorando. Me paro en medio del puente que hay que cruzar para llegar a mi casa. Miro al frente, la belleza de ver cómo amanece...¿Qué me traerá todo esto? , ¿ Por qué soy tan jodidamente vulnerable?, ¿Cómo estará Angélica?, ¿Pensará en mi?
Llego a casa y me quito la ropa. Ojalá pudiera quitarme la piel también porque todavía huele a Malena. Malena,  preciosa Malena, tu nombre resuena en mi cabeza pero no por amor...Ojalá fuera por eso. De verdad.
Se me cierran los ojos... Ojalá pudiese dormir eternamente.



Mierda. Sí, comienzo la primera entrada de mi blog con la palabra "mierda". Porque eso es lo que siento, mierda. Todo huele a mierda. Bueno, la comida de mi abuela no, eso huele de maravilla. Qué gracioso soy. En fin, veréis, esta mi desesperación tiene una explicación y es que estoy más perdido que un pulpo en un garaje. Voy a contarlo de manera rápida. Soy un chico, medio alto, medio rubio, medio guapo, medio listo. Mediocre. Sí, y como si no tuviese bastante con mi mediocridad tengo una mala suerte del copón. Yo sé que todo el mundo se ha sentido así alguna vez... pero eso no acaba ahí, me topé con la semilla del diablo, con un ángel rubio de ojos azules. Y diréis..."¿y te enamoraste?" Sí, lo hice. Tres años de mi vida anclado a este ser para que un día me diga que lo tenemos que dejar. Mi reacción fue de loca quinceañera; me puse a llorar, la oscuridad se cernió sobre mi, corrí hasta mi casa y me tiré a la cama para acurrucarme mientras toda mi familia me miraba con cara de pena. Sí, me volví un ser oscuro desde ese momento, bueno, quiero decir más oscuro. ¿Sabéis lo difícil que es encontrar a alguien tan afín a ti? Dios, es horrible cada vez que lo pienso; conocer a gente nueva, intentar dar una imagen agradable hacia los demás...eso no va conmigo. Yo soy como soy, un hombre demasiado pesimista para levantarse ahora mismo y decirle a la próxima tía que si quiere rollo conmigo. No, definitivamente no....PUES SÍ. Sí, pero no es como lo pensáis. Cuando rompí con mi perfecta novia hice lo propio; me tiré al alcohol. Me hinché a Martinis con una chispa de naranja. Me dejé el hígado y la dignidad. Y, por supuesto, pasé la noche con varias chicas. En esos momentos de ebriedad pensé que un clavo quitaría a otro clavo y si no es uno, pensé,  pues serían dos, o tres...pero no. ¿Por qué? Porque estoy irremediablemente enamorado de esa asquerosa mujer. El tiempo iba pasando y, bueno, aunque no la había olvidado había encontrado cosas con las que entretenerme y así no pensar en ella. Lo primero fue alejarme de las redes sociales. Lo segundo deshacerme de las cosas que me había regalado. Lo tercero estar fuera de casa lo máximo posible. De esta manera, el único momento del día en el que me acordaba de ella demasiado era en la cama, a la hora de dormir.
 Pasó un mes, un mes y una semana cuando recibí unos mensajes en mi Whatsapp. Era ella. Era ella puesta hasta el culo de alcohol y diciéndome que me echaba de menos. Quedamos dos días después a sabiendas de que su propósito era el sexo. Vale, lo acepté, yo también quería acostarme con ella. Pero algo oscuro pasó, un giro dramático de la historia. Me besó como nunca lo había hecho, me miró de una manera que no se le mira a un simple amigo. Fue una sensación agridulce; me fui a mi casa alegre de haberla visto, pero preocupado por las cosas que había sentido.
A partir de ese momento hablamos, hablamos como siempre lo habíamos hecho. Y volvimos a quedar. Y me empecé a dar cuenta de que me estaba haciendo daño así. Soy estúpido. Soy tan ingenuo de pensar que ella siente algo más que una mera atracción sexual por mi. Os lo juro, me vuelve loco. Es como si supiese que no puedo negarme. Que no puedo negarme a ella.