Mierda. Sí, comienzo la primera entrada de mi blog con la palabra "mierda". Porque eso es lo que siento, mierda. Todo huele a mierda. Bueno, la comida de mi abuela no, eso huele de maravilla. Qué gracioso soy. En fin, veréis, esta mi desesperación tiene una explicación y es que estoy más perdido que un pulpo en un garaje. Voy a contarlo de manera rápida. Soy un chico, medio alto, medio rubio, medio guapo, medio listo. Mediocre. Sí, y como si no tuviese bastante con mi mediocridad tengo una mala suerte del copón. Yo sé que todo el mundo se ha sentido así alguna vez... pero eso no acaba ahí, me topé con la semilla del diablo, con un ángel rubio de ojos azules. Y diréis..."¿y te enamoraste?" Sí, lo hice. Tres años de mi vida anclado a este ser para que un día me diga que lo tenemos que dejar. Mi reacción fue de loca quinceañera; me puse a llorar, la oscuridad se cernió sobre mi, corrí hasta mi casa y me tiré a la cama para acurrucarme mientras toda mi familia me miraba con cara de pena. Sí, me volví un ser oscuro desde ese momento, bueno, quiero decir más oscuro. ¿Sabéis lo difícil que es encontrar a alguien tan afín a ti? Dios, es horrible cada vez que lo pienso; conocer a gente nueva, intentar dar una imagen agradable hacia los demás...eso no va conmigo. Yo soy como soy, un hombre demasiado pesimista para levantarse ahora mismo y decirle a la próxima tía que si quiere rollo conmigo. No, definitivamente no....PUES SÍ. Sí, pero no es como lo pensáis. Cuando rompí con mi perfecta novia hice lo propio; me tiré al alcohol. Me hinché a Martinis con una chispa de naranja. Me dejé el hígado y la dignidad. Y, por supuesto, pasé la noche con varias chicas. En esos momentos de ebriedad pensé que un clavo quitaría a otro clavo y si no es uno, pensé, pues serían dos, o tres...pero no. ¿Por qué? Porque estoy irremediablemente enamorado de esa asquerosa mujer. El tiempo iba pasando y, bueno, aunque no la había olvidado había encontrado cosas con las que entretenerme y así no pensar en ella. Lo primero fue alejarme de las redes sociales. Lo segundo deshacerme de las cosas que me había regalado. Lo tercero estar fuera de casa lo máximo posible. De esta manera, el único momento del día en el que me acordaba de ella demasiado era en la cama, a la hora de dormir.
Pasó un mes, un mes y una semana cuando recibí unos mensajes en mi Whatsapp. Era ella. Era ella puesta hasta el culo de alcohol y diciéndome que me echaba de menos. Quedamos dos días después a sabiendas de que su propósito era el sexo. Vale, lo acepté, yo también quería acostarme con ella. Pero algo oscuro pasó, un giro dramático de la historia. Me besó como nunca lo había hecho, me miró de una manera que no se le mira a un simple amigo. Fue una sensación agridulce; me fui a mi casa alegre de haberla visto, pero preocupado por las cosas que había sentido.
A partir de ese momento hablamos, hablamos como siempre lo habíamos hecho. Y volvimos a quedar. Y me empecé a dar cuenta de que me estaba haciendo daño así. Soy estúpido. Soy tan ingenuo de pensar que ella siente algo más que una mera atracción sexual por mi. Os lo juro, me vuelve loco. Es como si supiese que no puedo negarme. Que no puedo negarme a ella.
Pasó un mes, un mes y una semana cuando recibí unos mensajes en mi Whatsapp. Era ella. Era ella puesta hasta el culo de alcohol y diciéndome que me echaba de menos. Quedamos dos días después a sabiendas de que su propósito era el sexo. Vale, lo acepté, yo también quería acostarme con ella. Pero algo oscuro pasó, un giro dramático de la historia. Me besó como nunca lo había hecho, me miró de una manera que no se le mira a un simple amigo. Fue una sensación agridulce; me fui a mi casa alegre de haberla visto, pero preocupado por las cosas que había sentido.
A partir de ese momento hablamos, hablamos como siempre lo habíamos hecho. Y volvimos a quedar. Y me empecé a dar cuenta de que me estaba haciendo daño así. Soy estúpido. Soy tan ingenuo de pensar que ella siente algo más que una mera atracción sexual por mi. Os lo juro, me vuelve loco. Es como si supiese que no puedo negarme. Que no puedo negarme a ella.
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